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Carolina Beatriz Ângelo: la primera mujer que votó en Portugal

March 7, 2018

 

En 1893 Nueva Zelanda fue el primer país en aprobar el sufragio femenino sin restricciones, por el que las mujeres empezaron a tener el derecho de votar libremente, en igual condiciones que los hombres. A este paso, nuevos caminos se abrieron y en los inicios de 1900 otros países introdujeron este derecho en su Constitución. 

 

Portugal, en 1911, se convirtió en el primer país del Centro y el Sur de Europa en el que votó una mujer en elecciones nacionales. Aunque, infelizmente, esto solo fuera posible gracias a una laguna en su primera ley electoral republicana y no por una deliberación consciente de la cima legislativa. Por eso, en esas primeras elecciones de 1911 ha votado una, y solamente una, mujer: Carolina Beatriz Ângelo.

 

Retrocediendo. El 5 de Octubre de 1910 Portugal dejaba de ser una Monarquía e iniciaba su recorrido republicano. Entre mucha gente que, por sus ideales, se quedó contenta y celebrando este cambio, estaba Carolina Beatriz Ângelo. Quien estaba a punto de convertirse en la primera mujer que votaba en Portugal. La primera mujer en ejercer el derecho de voto en todo el Centro y Sur de Europa. La primera, y única, mujer en votar para el Parlamento de la Primera República Portuguesa en aquellas elecciones. Aprovechando un fallo en la legislación.

 

Carolina Beatriz Ângelo nació en 1877 en la ciudad de Guarda, norte interior de Portugal. Posteriormente, dejó su ciudad natal y viajó para la capital, donde ingresó en la Escuela de Medicina de Lisboa.

 

En 1911, la médica ginecóloga, madre de una hija y ya viuda a sus 33 años, con ideas sociales y políticas feministas, analizando la ley electoral, encontró una laguna. Este lapsus, explotado con las ansias de quien desea que las aguas corran libres igualmente para los hombres y las mujeres, le permitió votar, aunque nadie lo hubiese previsto. Los hombres republicanos afincados al poder no lo habían precavido y Carolina aprovechó el cambio de régimen dando voz al movimiento feminista que ya estaba creciendo desde los últimos años de la Monarquía.

 

El movimiento feminista a parte de reivindicar el derecho al voto para las mujeres, defendía también la remuneración igual para trabajo igual, el derecho de las mujeres a administrar sus propios bienes, protección en la familia y maternidad, o el derecho a educación, entre otros.

 

La lay electoral de 1911 autorizaba el voto a "ciudadanos mayores de 21 años, que supiesen leer y escribir, o jefes de familia". En la práctica la ley se traducía a que sólo hombres pudieran votar. Pero no especificaba si esos ciudadanos, cabeza de familia, debían ser de sexo masculino o femenino. 

 

Carolina, siendo viuda y cuidando de modo independiente de su hija (se entiende económicamente independiente), se inscribió entonces en los cuadernos electorales diciendo que "la ley no nos abre la puerta", refiriéndose a las mujeres, "pero tampoco nos golpea la cara. Y en ningún punto especifica que los electores y los elegidos no puedan ser mujeres".

 

A este acto de esta mujer luchadora le sucedió un intenso debate en el mundo político y legislativo. Un debate que duró pocos días, pero que puso la discusión en plaza pública con la debida cuestión: ¿Tiene realmente derecho esta mujer a votar?

 

El resultado del debate jurídico finalizó con la sentencia que decía que Carolina Beatriz Ângelo estaba autorizada a votar.

 

Siendo la única mujer que reclamó el derecho al voto, alegando ser mayor de 21 años y jefa de familia, manteniendo a su único encargo su hija, consiguió inscribirse en los cuadernos electorales por orden del juez João Castro y así votar. Junto a todos los demás inscritos (hombres) , votó en el día 28 de mayo de 1911.

 

La noticia sobrepasa fronteras y llega a los países del norte de Europa saliendo en las noticias. En 1911 Finlandia era el único país europeo que reconocía el sufragio femenino. 

 

Carolina Beatriz Ângelo murió a sus 33 años, el día 3 de octubre de 1911 a la 1h de la madrugada, de un problema estomacal.

 

Infelizmente, dos años más tarde, en 1913, se restablecía el privilegio de voto únicamente al sexo masculino en edad adulta, por los mismos políticos republicanos que habían roto con la Monarquía y prometido avances sociales y legislativos. Queriendo estos evitar que más mujeres votasen, introducen en la nueva ley el apéndice de "ciudadanos portugueses del sexo masculino", explicitando así que solo los hombres estaban autorizados a votar. Las dudas se disipan y la normalidad injusta se restablece. Para alegría y calma de mucha gente, de muchos hombres.

 

Solo años después, demasiados años después,  se reconoció por ley el derecho al voto de las mujeres. Este cambio fundamental y naturalmente lógico, surge solo después de la revolución de 25 de Abril de 1974.

 

Conclusión. El cambio puntual de 1911 ha sido una oportunidad de oro desperdiciada, en la que Portugal podía haber avanzado, junto a otros países pioneros, en igualdad de derechos para las mujeres. Un freno puesto por los ciudadanos del sexo masculino pensando, únicamente, en los ciudadanos del sexo masculino. Como tantas veces en el pasado, y otras tantas en la actualidad, ha sido una gran oportunidad echada al basurero de la historia del país y del mundo.

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